Psicoterapia y Farmacoterapia en la Discapacidad intelectual

ISBN: 9788416941865

21,50

Psicoterapia y Farmacoterapia son instrumentos que se complementan al abordar el tratamiento de situaciones especiales de las personas con discapacidad intelectual. Medicamos en exceso; es cierto que la medicación puede ser necesaria, pero la daremos una vez realizado el diagnóstico y conocido el problema; a veces se suministra de manera preventiva. Por otra parte, tendemos a aplicar técnicas de modificación de conducta, muy rígidas a veces, sin que el sujeto sepa o entienda que eso es un tratamiento y no un castigo.

En la psicoterapia, todos los pacientes, por tanto los que tienen discapacidad como los que no la tienen, abordan los mismos temas: la vida, la muerte, el amor, la identidad. La única diferencia consiste en que el terapeuta ha de adaptarse al nivel de desarrollo cognitivo y emocional del paciente y tiene que estar dispuesto a escuchar, comprender y ayudar al ser humano que tiene ante sí. Nuestra psicoterapia, al empezar a trabajar con personas con discapacidad, tiene un enfoque psicodinámico, como el utilizado en los pacientes sin discapacidad, y va encaminado a producir cambios en la posición subjetiva del paciente y un alivio del padecimiento inicial. Las preguntas hacen que el paciente, al responderlas, se plentee el tema que estamos tratando y no se limite a dejarse llevar. Nuestro instrumento es la palabra. Preguntar es consultar al interior del paciente, sondear las limitaciones de su conciencia y plantearse cuestiones sobre fenómenos humanos. Preferimos dar lugar y sentido a la palabra hablada, aunque cueste de entender por su déficit, y a la escucha.

La población con discapacidad intelectual constituye un grupo de personas que requieren un abordaje especial dentro de la terapéutica farmacológica. Abordamos el empleo de los numerosos medicamentos psicotropos que se aplican a las personas con discapacidad intelectual, con la finalidad de aliviar o mejorar algunas de las consecuencias mentales que en ellas se observan, incluidas las llamadas conductas conflictivas. En algunas situaciones, la conducta surge a partir de una patología específica que se asocia a la discapacidad intelectual. Es el caso de la enfermedad dual, en la que se suma la discapacidad intelectual a una enfermedad mental o epiléctica. Lo normal es que, conforme el problema neuropsiquiátrico mejore, la frecuencia e intensidad de una conducta conflictiva disminuyan. El problema y la preocupación surgen cuando la medicación es prescrita con el único objetivo terapéutico de tratar una conducta en sí misma, es decir, el síntoma y no la causa. Es entonces cuando aparece con mayor frecuencia el abuso inapropiado en la administración de fármacos psicotropos.

La obra explica las bases científicas de los diversos grupos farmacológicos empleados, y ofrece orientaciones y pautas para su empleo en las personas con discapacidad intelectual.

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Descripción

El mundo de la discapacidad intelectual es amplio y diverso, plagado de profundas realidades que nos invitan y, por así decir, nos obligan a encararlo con una mente abierta, siempre dispuesta a analizar sus raíces más ocultas y sus diversas formas de expresión. No en vano, en la esencia de cualquier discapacidad se encuentra un ser humano, la persona.

Es muy gratificante contemplar los grandes avances que, paso a paso, las personas con discapacidad intelectual van consiguiendo en el transcurso de sus vidas. Cómo aprenden a gestionar su propia identidad, sus conocimientos, sus emociones, y a resolver su modo de funcionar en sociedad y de satisfacer y ver realizadas muchas de sus aspiraciones.

Como todos los seres humanos, tienen sus propios problemas. Unos se expresan de un modo estrictamente individual; otros lo hacen de una manera más convencional o compartida, dando origen a conductas bien identificables. Pero en cualquier caso, sus expresiones y su fenotipo conductual exigen nuestro estudio y conocimientos para ser, primero, analizadas y evaluadas y, después, manejadas y corregidas si es preciso.

¿Podemos llegar a conocer realmente el sustrato más íntimo de una persona que tiene dificultades en el conocimiento de sí misma, en la comunicación, en la organización de su pensamiento y valoración de sus deseos y sus sueños? Sin duda es todo un desafío, pero al que es posible —realmente, imprescindible— enfrentarse con prudencia, habilidad y maestría, adaptadas a las características y situaciones personales de cada individuo.

Por eso, afirmamos rotundamente que la psicoterapia que trata de comprender la entraña de la conducta de una persona —des-entrañarla— es posible y es útil también en los individuos con discapacidad intelectual. Desde esa convicción, ofrecemos en estas páginas reflexiones sobre la naturaleza y métodos de la psicoterapia psicoanalítica, y mostramos con sencillez distintas experiencias directas y personalmente vividas. Extraer a la superficie problemas y vivencias personales no es tarea fácil; exige ofrecer diálogos abiertos, expresados a veces de manera
muy realista y cruda. Pero, si se consigue, se ha recorrido un largo camino para descubrir la propia identidad, para afrontar, no sólo una conducta puntual y cuestionable sino toda una forma de vida, de convivencia, de estar en el mundo real. Unas veces, ese mismo intento soluciona por sí mismo un conflicto; otras veces, ayuda a encontrar las vías más eficientes que colaboren en la restauración de unas relaciones complejas o de una existencia poco adaptada o poco comprendida. Con la convicción de que, además y cuando sea necesario, ayudará a aplicar otras formas de terapia que completen el beneficio que se pretende alcanzar.

Es evidente que los apoyos no terminan ahí. Sin salirnos del ámbito de la psicoterapia, existen otras formas de terapias que abordan de manera positiva la manera de gestionar y superar conductas que pueden ser problemáticas en mayor o menor grado. Es abundante, rica y cualificada la bibliografía en español, a la que animamos consultar y seguir en sus orientaciones.

Pero la realidad se impone: hay dolorosas situaciones en las que no hay más remedio que recurrir a la utilización de fármacos para paliar o corregir comorbilidades y expresiones y situaciones conductuales, que perjudican claramente al interesado y se demuestran imposibles de favorecer la relación en un entorno en el que se tiene que desarrollar y ha de convivir. Conscientes de este problema y de la intensa emocionalidad que a veces suscita en las familias, en los maestros y en la sociedad, hemos querido abordarlo con complicidad y con profesionalidad. Complicidad, porque convivimos en ese mundo, experimentamos su realidad diaria, y recibimos cumplida información de los distintos sectores implicados. Profesionalidad, porque son muchos los años dedicados a observar, estudiar y evaluar científicamente los resultados y avances conseguidos en el campo de la psiconeurofarmacología en general, y de la relacionada con la discapacidad intelectual en particular.

Hoy más que nunca es indispensable fortalecer las ideas y vigilar los tratamientos, pensando bien en el mayor beneficio que podemos reportar a las personas con discapacidad intelectual. El mundo va muy deprisa, las presiones por parte de algunos segmentos sociales para que ellas participen plenamente en una actividad social cargada de estímulos y exigencias, son enormes y, con demasiada frecuencia, resultan intolerables, sencillamente inasimilables. Termina rompiéndose la costura por la parte más débil. “Si quiere que su hijo venga a nuestra escuela, tráigalo convenientemente tranquilo”, léase medicado. Una frase desgarradora —ciertamente no inventada— que expresa todo el fracaso de una filosofía terapéutica carente de guías iluminadoras auténticamente centradas en el bien-ser y bien-estar de la persona y de su dignidad. Al desarrollar la farmacoterapia en estas páginas, hemos intentado precisar sus posibilidades, concretar sus principios de aplicación, explicar sus límites; en definitiva, ofrecer el mejor conocimiento posible al servicio de los mejores resultados.

Ha de ser cada equipo terapéutico, conformado por los diversos profesionales responsables de la calidad de vida de la persona con discapacidad intelectual —y en él incluimos a la propia persona cuando sea posible y a su familia— quien deberá evaluar y decidir sobre la terapéutica a emplear: el recurso a una psicoterapia que analice en profundidad y saque a la luz el problema y, en su caso, la medicación a prescribir y los medios para conocer su real eficiencia a corto y largo plazo.

Por su propia naturaleza, el libro presenta dos partes netamente diferenciadas en su contenido, aunque es evidente que en la vida real será preciso disponer de la información y posibilidades que ambas conjuntamente ofrecen. El lector comprenderá que cada parte corresponde a la especialidad de cada uno de los dos autores, y de ella se responsabilizan de manera individual.

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